P T.
Una estafa descomunal
Aclaro que mi experiencia con Atexto en verdad data del 2020, sin embargo éste sitio web te impide ir más allá de la fecha que ingresé. En primer lugar sinceramente me da vergüenza que un compatriota mío haya creado semejante fraude y si lo pienso tiene lógica que haya registrado a Atexto L.L.C en Delaware, Estados Unidos... Allí van los mayores evasores a inscribir sus compañías. Mientras ellxs tienen enormes cuentas bancarias, lxs tontxs de abajo vivimos en la miseria... En fin. ¿Qué me pasó? Pues me inscribí y lo único que logré fue perder meses de mi vida frente al monitor de mi laptop con mis auriculares puestos, destrozarme los oídos y los ojos, pagar wifi y electricidad a lo loco y acortar la vida de uso de mi computadora para nada en absoluto. En los últimos tiempos me quedé más por bronca e intentar cobrar las monedas que supuestamente te pagaban como tarifa mínima para poder retirar el dinero que porque fuera una oferta laboral buena en algún aspecto. Sin embargo ni siquiera eso pude hacer. ¿Por qué? 1) Porque no te instruían en cómo hacer las transcripciones, eso lo hacía uno mismo quemándose con cada “error” cometido y perdiendo tiempo. Lo digo ya que las transcripciones no eran sólo escribir lo que decía/n la/s persona/ s si no TODO lo qué se oía y cómo se oía. Y para cada uno de esos detalles había un código específico que aprender y recordar. 2) Sólo el Cielo sabe quién/es hacía/n las mamarrachas correcciones que recibías y ese era uno de los motivos por los que te reducían brutalmente el pago por cada proyecto en el que invertías todo. Es más hubo muchísimas oportunidades en donde notoriamente te inventaban errores para bajarte aún el precio. 3) Con el correr del tiempo ingresaban cada menos audios y muchas veces ni uno sólo, si lo hacían eran de peor calidad cada vez e incluso muy breves. Ésto último también hacía que el precio a pagar fuera menor. Me terminé hartando. Probé comunicarme con ellxs a través de su cuenta en Facebook, pero del día a la noche desaparecieron y noté que a la gente nadie de la “empresa” les respondía. Muchos terminaban llendo allí para descargar sus frustraciones. Cuando encontré otra forma de hacerlo, era como un blog. Allí en un posteo mío conté, sin demasiado detalles, mi situación y les pregunté si podía retirar lo que a lágrima, sudor y sangre había acumulado. Me respondió una mujer tajantemente que no, que si no había llegado al mínimo no podía. Con toda la ira del mundo me despedí de esos estafadores para siempre. Ahora leo que no aceptan más gente nueva. Les digo seriamente: Agradezcan que sucedió.




